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jueves, 20 de agosto de 2026

Puerto Plata: ¿Cuántos carriles necesita una ciudad que está a punto de colapsar?

Vista Aérea de Puerto Plata. Jaqueline Mercado.
Pinterest

Por Cinthia De la Cruz

Artículo de opinión

A mi regreso a la costa norte encontré una ciudad que se mueve a una velocidad muy distinta de aquella que dejé atrás en 2010, cuando partí hacia Santiago de los Caballeros.

Puerto Plata está dinámica. Está pujante. Está llena de construcciones, inversiones, vehículos, nuevos proyectos inmobiliarios y actividad turística.

Y se supone que estoy viviendo el sueño:

“yo vivo donde tú vacacionas”.

Pero este sueño, medio duermevela y medio pesadilla, está comenzando a mostrar sus grietas.

Porque Puerto Plata crece.

Y mientras crece la ciudad, también crece la presión sobre sus arterias, sus redes de agua, su sistema sanitario, sus calles, sus espacios públicos, sus playas, sus sistemas de residuos y, sobre todo, sobre su capacidad para gobernar el territorio.

La pregunta ya no es cuánto puede crecer Puerto Plata.

La pregunta es:

¿Cuánta ciudad puede soportar Puerto Plata con la infraestructura que tiene hoy?

La ciudad se expande más rápido que su población

El X Censo Nacional de Población y Vivienda 2022 registra 146,677 habitantes en el municipio de San Felipe de Puerto Plata, distribuidos sobre una superficie de 210.7 km², lo que produce una densidad municipal promedio de aproximadamente 696 habitantes por kilómetro cuadrado.

Sin embargo, esa cifra es engañosa para comprender la realidad urbana.

La mayor parte del territorio municipal sigue siendo rural, montañoso o de baja ocupación. Lo verdaderamente importante es observar cómo evoluciona la densidad de la mancha urbana.

Los estudios de expansión territorial de la Oficina Nacional de Estadística muestran que el área urbanizada de San Felipe de Puerto Plata pasa de aproximadamente 15.52 km² en 2010 a 18.63 km² en 2022, un incremento de 20.04 % en apenas doce años.

Si utilizamos la población urbana estimada para esos períodos, observamos un fenómeno preocupante: la ciudad consume suelo a una velocidad superior a la que incorpora habitantes.

En términos simples, Puerto Plata se vuelve más extensa antes que más eficiente.

La consecuencia es directa.

Cada nuevo kilómetro cuadrado urbanizado exige nuevas redes de agua potable, alcantarillado, drenaje pluvial, energía, recogida de residuos, transporte, iluminación, seguridad y mantenimiento vial.

Mientras más se dispersa la ciudad, más costoso resulta sostenerla.

Este patrón explica por qué una ciudad relativamente pequeña comienza a experimentar problemas propios de áreas metropolitanas mucho mayores: congestionamiento, dependencia del automóvil, aumento de los tiempos de desplazamiento, presión sobre los servicios públicos y encarecimiento de la infraestructura.

Puerto Plata no enfrenta únicamente un crecimiento poblacional.

Enfrenta un proceso de expansión urbana de baja eficiencia territorial, donde la superficie urbanizada aumenta más rápido que la capacidad de la ciudad para servirla.

Tiene más territorio urbanizado que administrar.

Y cada nuevo territorio urbanizado exige algo más que edificios.

Exige agua potable.

Exige saneamiento.

Exige drenaje pluvial.

Exige recolección de residuos.

Exige transporte.

Exige calles.

Exige aceras.

Exige estacionamientos.

Exige escuelas.

Exige espacios públicos.

Exige servicios.

Exige mantenimiento.

Cuando una ciudad permite que las edificaciones lleguen antes que la infraestructura, no está evitando el problema.

Está trasladándolo hacia el futuro.

¿Cuántos carriles necesita Puerto Plata?

Esta es la pregunta que escuchamos cada vez que el tráfico se vuelve insoportable.

La respuesta más fácil es: cuatro.

Vista aérea Puntilla-Centro Histórico
Dominicansoul.com
Cuatro carriles.

Seis carriles.

Una nueva avenida.

Otra ampliación.

Otra circunvalación.

Pero una ciudad no se congestiona únicamente porque le falten carriles.

Se congestiona porque su sistema de movilidad funciona mal.

Una avenida de cuatro carriles que tiene dos carriles ocupados permanentemente por vehículos estacionados no funciona como una avenida de cuatro carriles.

Una vía amplia que termina en una intersección saturada no tiene realmente mayor capacidad.

Una circunvalación que distribuye vehículos hacia un centro urbano congestionado simplemente desplaza el problema.

Y una ciudad que continúa construyendo vivienda periférica sin transporte colectivo aumenta la cantidad de personas que necesitan automóvil para resolver su vida cotidiana.

El propio PMOT de Puerto Plata identifica como objetivo fortalecer la conectividad vial y la accesibilidad territorial. Para el Centro Histórico plantea expresamente ordenar la movilidad priorizando la caminabilidad, la accesibilidad y los modos sostenibles, además de organizar los flujos vehiculares, la carga y descarga y el transporte de cruceristas.

Entonces, quizás la pregunta correcta no es:

¿Cuántos carriles necesita Puerto Plata?

Sino:

¿qué función cumple cada carril que ya tenemos?

El automóvil ocupa la ciudad

Puerto Plata tiene una relación problemática con el automóvil.

El vehículo privado se convierte en la solución cotidiana para prácticamente todo.

Trabajo.

Escuela.

Compras.

Bancos.

Restaurantes.

Diligencias.

Servicios.

Entretenimiento.

Incluso recorridos que deberían resolverse dentro del propio barrio terminan dependiendo de un vehículo.

El resultado es previsible.

Más automóviles exigen más estacionamientos.

Más estacionamientos consumen espacio urbano.

Menos espacio urbano disponible significa menos aceras, menos áreas verdes y menos espacio público.

Más distancia entre actividades significa más viajes.

Más viajes significan más congestión.

Más congestión genera presión para construir más vías.

Y más vías, sin una política de movilidad integral, terminan incentivando nuevamente el automóvil.

Es un círculo.

Y es un círculo que una ciudad no rompe construyendo exclusivamente más infraestructura para automóviles.

Puerto Plata necesita proximidad

Aquí aparece un concepto que todavía parece extraño para buena parte de nuestra conversación urbana: la ciudad de los 15 minutos.

No se trata de convertir Puerto Plata en París.

Se trata de algo mucho más sencillo.

Que una persona pueda vivir, estudiar, comprar alimentos, acceder a servicios básicos, practicar deporte, recrearse y relacionarse con su comunidad sin tener que conducir un automóvil para cada actividad.

Puerto Plata tiene barrios y sectores con una escala que permite recuperar esta proximidad.

Pero para lograrlo necesitamos dejar de pensar únicamente en metros cuadrados construidos.

Necesitamos pensar en distancias, accesibilidad y tiempo.

Porque el verdadero costo del congestionamiento no es solamente el combustible.

Es el tiempo de las personas.

¿Cuánto tiempo toma llegar al trabajo en hora pico?

¿Cuánto tiempo toma llevar a los hijos a la escuela?

¿Cuánto tiempo toma cruzar la ciudad para realizar una diligencia?

¿Cuánto tiempo pierde diariamente una persona atrapada en el tránsito?

Ese tiempo también es infraestructura.

Y actualmente lo estamos desperdiciando.

Una ciudad turística que necesita funcionar para sus residentes

Puerto Plata recibe turismo.

Mucho turismo.

Y esto representa una extraordinaria oportunidad económica.

Pero una ciudad turística no existe solamente para el turista.

Existe para quienes viven en ella.

Los puertos de cruceros incrementan el flujo económico y turístico. El PMOT incluso plantea integrar la actividad portuaria y la experiencia de los cruceristas con el Centro Histórico, la gastronomía, la cultura y el patrimonio local.

Pero hay una diferencia fundamental entre una ciudad que recibe visitantes y una ciudad que está diseñada exclusivamente para visitantes.

Calle de la ciudad. Morgan.
Pinterest.

El turista necesita llegar a la playa.

El residente necesita llegar al trabajo.

El turista necesita agua durante unos días.

El residente necesita una red de abastecimiento estable durante décadas.

El visitante puede disfrutar el malecón durante una tarde.

El residente necesita que el malecón y las vías funcionen todos los días.

El visitante puede regresar a su hotel.

El residente regresa a su casa.

Por eso, la habitabilidad de Puerto Plata no puede estar subordinada al turismo.

Debe formar parte de su competitividad turística.

Una ciudad deteriorada no es sostenible como destino.

El agua también cuenta los habitantes

Cada nuevo edificio representa una demanda adicional de agua.

Cada nueva urbanización representa una demanda adicional de saneamiento.

Cada metro cuadrado adicional impermeabilizado modifica el comportamiento del agua de lluvia.

Cada nuevo habitante produce residuos y aguas residuales.

Por eso no existe un verdadero proyecto inmobiliario aislado de la ciudad.

Todo proyecto consume capacidad urbana.

El propio PMOT identifica como factor prioritario los conflictos socioambientales derivados de usos de alto impacto y las deficiencias en infraestructura sanitaria básica. Uno de sus objetivos específicos es garantizar acceso equitativo a vivienda, infraestructura de servicios públicos de calidad y saneamiento.

Esto significa que el problema ya está identificado.

La discusión ya no es si sabemos que existe.

La discusión es qué hacemos con esa información.

Cuando el agua de lluvia busca una salida

Puerto Plata también enfrenta la consecuencia directa de una urbanización que impermeabiliza progresivamente el suelo.

Cada techo.

Cada parqueo.

Cada calle.

Cada acera impermeable.

Cada solar urbanizado.

Reduce superficie disponible para infiltración y aumenta la escorrentía.

Cuando el drenaje pluvial no tiene capacidad suficiente, el agua encuentra sus propias rutas.

Y cuando las aguas residuales no reciben tratamiento adecuado, el mar termina recibiendo aquello que la ciudad no logra gestionar.

Las playas urbanas no pueden ser consideradas únicamente espacios recreativos.

Son parte del sistema ambiental que sostiene el atractivo económico de Puerto Plata.

Contaminar el mar mientras promovemos el turismo es una contradicción territorial.

La basura no desaparece porque salga de nuestra vista

El mismo principio se aplica a los residuos sólidos.

La basura que desaparece de nuestro frente no desaparece de la ciudad.

Simplemente cambia de lugar.

Puerto Plata realiza esfuerzos para mejorar la gestión de sus residuos, pero simultáneamente aparecen puntos informales de acumulación en áreas de expansión.

Y esto revela un problema mayor.

Antiguo Acceso a la Circunvalación Norte de la Ciudad.
Oschmann en Flickr 

No basta con mejorar el lugar donde finalmente llega la basura.

Hay que gestionar todo el sistema:

generación,

separación,

almacenamiento,

recolección,

transporte,

disposición,

aprovechamiento

y fiscalización.

Si solucionamos el vertedero mientras dejamos que proliferen pequeños vertederos en las nuevas urbanizaciones, estamos resolviendo solamente el último eslabón.

La ciudad continúa produciendo el problema.

Construimos mucho, pero ¿para quién?

La construcción se percibe como uno de los signos más visibles del crecimiento económico de Puerto Plata.

Pero construcción no es sinónimo automático de desarrollo urbano.

Una ciudad puede construir mucho y, simultáneamente, producir una crisis de vivienda.

El diagnóstico del PMOT identifica 5,920 viviendas como déficit cuantitativo municipal y plantea la necesidad de suelo y políticas específicas para atenderlo. Al mismo tiempo, registra 8,128 viviendas desocupadas en el municipio, de las cuales 7,396 corresponden a San Felipe de Puerto Plata.

Estas cifras no significan que las viviendas desocupadas puedan simplemente entregarse a las familias que necesitan vivienda. Las razones de esa desocupación son diversas.

Pero sí nos obligan a formular una pregunta:

¿qué tipo de vivienda está produciendo la ciudad y para quién?

Porque una ciudad puede estar llena de grúas y, al mismo tiempo, tener dificultades para que un trabajador local pueda comprar o alquilar una vivienda digna.

Ese fenómeno merece atención.

Si la vivienda se convierte exclusivamente en activo de inversión, segunda residencia o alojamiento temporal, la ciudad comienza a perder su función residencial.

Y cuando los residentes no pueden pagar la ciudad donde trabajan, la ciudad empieza a expulsar a quienes la mantienen funcionando.

Puerto Plata ya tiene un plan

Aquí debemos ser rigurosos.

No es correcto afirmar que Puerto Plata no tiene planificación.

En abril de 2026 se presenta el Plan Municipal de Ordenamiento Territorial de Puerto Plata, con participación del Ayuntamiento, el Gobierno central y organismos de cooperación. El instrumento busca ordenar el desarrollo urbano y ambiental y establecer reglas para el territorio.

Por tanto, el problema actual es todavía más interesante.

Puerto Plata tiene diagnóstico.

Puerto Plata tiene datos.

Puerto Plata tiene instrumentos de planificación.

Ahora necesita voluntad para aplicarlos.

Porque un plan que no modifica decisiones concretas es solamente un documento.

Centro Histórico. Trujillo.
Pinterest.

Gobernanza significa utilizar la planificación para establecer límites.

Significa decir:

No a una densidad que la infraestructura no soporta.

No a una urbanización sin solución sanitaria.

No a un proyecto sin capacidad vial.

No a ocupar las aceras con estacionamientos.

No a permitir que el espacio público sea tratado como excedente privado.

No a continuar urbanizando sin resolver el drenaje.

No a consumir el territorio ambientalmente sensible.

Pero también significa decir:

Sí a la inversión.

Sí al turismo.

Sí a la vivienda.

Sí a la construcción.

Sí a la renovación urbana.

Sí al desarrollo económico.

Siempre que ese desarrollo sea compatible con la capacidad real del territorio.

La ciudad injusta

Puerto Plata tiene una paradoja.

Es una ciudad atractiva para invertir y difícil de habitar para quienes tienen ingresos limitados.

Tiene nuevos proyectos y una población que necesita vivienda.

Tiene turismo y residentes que necesitan transporte.

Tiene construcción y redes de infraestructura que necesitan ampliarse.

Tiene playas y contaminación.

Tiene crecimiento económico y desigualdad territorial.

Tiene belleza y deterioro.

Tiene instrumentos de planificación y decisiones que todavía pueden continuar respondiendo a la lógica de la excepción.

Esta contradicción produce una ciudad injusta.

Porque el derecho a la ciudad no consiste únicamente en poder vivir dentro de sus límites.

Consiste en poder acceder a vivienda digna, movilidad, espacio público, agua, saneamiento, equipamientos, seguridad ambiental y oportunidades.

La tacita de plata está rota

Puerto Plata sigue siendo hermosa.

Precisamente por eso debemos preocuparnos.

La belleza puede retrasar la percepción del deterioro.

Tenemos mar.

Tenemos montaña.

Tenemos patrimonio.

Tenemos arquitectura.

Tenemos turismo.

Tenemos puertos.

Tenemos inversión.

Tenemos construcción.

Tenemos aeropuerto.

Tenemos paisaje.

Tenemos una posición geográfica privilegiada.

Pero una ciudad no funciona por atributos.

Funciona por sistemas.

Y los sistemas urbanos necesitan capacidad.

La tacita de plata está rota en sus arterias: movilidad.

Está rota en sus redes: agua y saneamiento.

Está rota en su metabolismo: residuos.

Está amenazada en sus bordes: playas y ecosistemas costeros.

Y comienza a mostrar fracturas sociales: vivienda, accesibilidad y desigualdad territorial.

No necesitamos más ciudad de emergencia

Puerto Plata corre el riesgo de convertirse en una ciudad que construye soluciones para corregir problemas que ella misma produce.

Construimos una nueva vía porque la anterior se congestiona.

Construimos un nuevo drenaje porque impermeabilizamos el suelo sin prever la escorrentía.

Buscamos nuevas fuentes de agua porque aumentamos la demanda.

Construimos nuevas infraestructuras sanitarias porque permitimos que la densidad avance más rápido que las redes.

Creamos programas para retirar basura de lugares donde no debería acumularse porque no conseguimos controlar el sistema que la produce.

Eso no es planificación.

Eso es urbanismo de emergencia.

Y el urbanismo de emergencia resulta mucho más caro que la planificación.

Entonces, ¿cuántos carriles necesita Puerto Plata?

No existe un número mágico.

Cada vía necesita responder a su función dentro de una red.

Una arteria necesita capacidad para transportar personas.

Una vía colectora necesita distribuirlas.

Una calle local necesita garantizar acceso.

Un corredor turístico necesita integrar movilidad, paisaje y espacio público.

Una calle del Centro Histórico necesita priorizar al peatón.

Una ruta de transporte colectivo necesita continuidad y prioridad.

Y una ciudad completa necesita reducir la cantidad de viajes obligatorios.

Por eso la respuesta no es necesariamente cuatro, seis u ocho carriles.

La respuesta es una red vial jerarquizada, integrada con transporte colectivo, estacionamiento regulado, caminabilidad y usos mixtos del suelo.

Necesitamos menos vehículos ocupando espacios que no les corresponden.

Necesitamos aceras que sean realmente aceras.

Necesitamos estacionamientos que funcionen como estacionamientos.

Necesitamos transporte colectivo.

Necesitamos barrios donde las necesidades cotidianas estén cerca.

Necesitamos que el crecimiento inmobiliario pague y acompañe la infraestructura que consume.

Necesitamos que cada nuevo proyecto sea evaluado no solamente por su parcela, sino por su impacto acumulativo sobre la ciudad.

Todavía estamos a tiempo

Puerto Plata no está condenada.

Pero tampoco puede seguir actuando como si tuviera tiempo ilimitado.

El PMOT establece precisamente objetivos de ordenamiento del crecimiento urbano, fortalecimiento de la conectividad, reducción de desigualdades, protección del patrimonio y promoción de una estructura territorial policéntrica y equilibrada.

Ahora corresponde convertir esos objetivos en decisiones.

Antes de aprobar una nueva densidad debemos preguntar por el agua.

Antes de autorizar una nueva urbanización debemos preguntar por el drenaje.

Antes de construir una nueva torre debemos preguntar por la movilidad.

Antes de permitir más vehículos debemos preguntar dónde estacionan.

Antes de promover más turismo debemos preguntar cómo protegemos el litoral.

Antes de construir más viviendas debemos preguntar quién puede habitarlas.

Antes de expandir la ciudad debemos preguntar cuánto cuesta llevar infraestructura hasta allí.

Y antes de construir otra solución puntual debemos preguntarnos qué problema sistémico estamos dejando intacto.

Porque Puerto Plata no necesita simplemente más construcción.

Puerto Plata necesita construir la ciudad que pueda sostener todo lo que está construyendo.

Ese es el verdadero desafío.

No se trata de detener el desarrollo.

Se trata de conseguir que el desarrollo no termine destruyendo aquello que hace valiosa a Puerto Plata.

Porque aquí está la contradicción fundamental:

yo vivo donde tú vacacionas.

Y quiero seguir viviendo aquí.

Quiero que quien viene de vacaciones encuentre una ciudad hermosa.

Pero también quiero que quien vive aquí encuentre una ciudad habitable.

Una ciudad donde el agua llegue.

Donde el drenaje funcione.

Donde la basura tenga destino.

Donde las playas estén limpias.

Donde caminar sea posible.

Donde exista transporte colectivo.

Donde una vivienda digna no sea un lujo.

Donde una avenida tenga cuatro carriles cuando realmente los necesita y no porque cuatro carriles sean la respuesta automática.

Donde el desarrollo tenga límites.

Donde la planificación tenga autoridad.

Donde las normas no sean el mínimo negociable.

Donde gobernar la ciudad signifique anticipar el problema y no esperar a que colapse.

Puerto Plata todavía puede elegir qué ciudad quiere ser.

Pero la decisión no está en el futuro.

Está ocurriendo ahora.


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