![]() |
Vista Aérea de Puerto Plata. Jaqueline Mercado. Pinterest |
Por Cinthia De la Cruz
Artículo de opinión
A
mi regreso a la costa norte encontré una ciudad que se mueve a una velocidad
muy distinta de aquella que dejé atrás en 2010, cuando partí hacia Santiago de
los Caballeros.
Puerto
Plata está dinámica. Está pujante. Está llena de construcciones, inversiones,
vehículos, nuevos proyectos inmobiliarios y actividad turística.
Y
se supone que estoy viviendo el sueño:
“yo
vivo donde tú vacacionas”.
Pero
este sueño, medio duermevela y medio pesadilla, está comenzando a mostrar sus
grietas.
Porque
Puerto Plata crece.
Y
mientras crece la ciudad, también crece la presión sobre sus arterias, sus
redes de agua, su sistema sanitario, sus calles, sus espacios públicos, sus
playas, sus sistemas de residuos y, sobre todo, sobre su capacidad para
gobernar el territorio.
La
pregunta ya no es cuánto puede crecer Puerto Plata.
La
pregunta es:
¿Cuánta
ciudad puede soportar Puerto Plata con la infraestructura que tiene hoy?
La ciudad se
expande más rápido que su población
El
X Censo Nacional de Población y Vivienda 2022 registra 146,677 habitantes en el
municipio de San Felipe de Puerto Plata, distribuidos sobre una superficie de 210.7
km², lo que produce una densidad municipal promedio de aproximadamente 696
habitantes por kilómetro cuadrado.
Sin
embargo, esa cifra es engañosa para comprender la realidad urbana.
La
mayor parte del territorio municipal sigue siendo rural, montañoso o de baja
ocupación. Lo verdaderamente importante es observar cómo evoluciona la densidad
de la mancha urbana.
Los
estudios de expansión territorial de la Oficina Nacional de Estadística
muestran que el área urbanizada de San Felipe de Puerto Plata pasa de
aproximadamente 15.52 km² en 2010 a 18.63 km² en 2022, un incremento de 20.04 %
en apenas doce años.
Si
utilizamos la población urbana estimada para esos períodos, observamos un
fenómeno preocupante: la ciudad consume suelo a una velocidad superior a la que
incorpora habitantes.
En
términos simples, Puerto Plata se vuelve más extensa antes que más eficiente.
La
consecuencia es directa.
Cada
nuevo kilómetro cuadrado urbanizado exige nuevas redes de agua potable,
alcantarillado, drenaje pluvial, energía, recogida de residuos, transporte,
iluminación, seguridad y mantenimiento vial.
Mientras
más se dispersa la ciudad, más costoso resulta sostenerla.
Este
patrón explica por qué una ciudad relativamente pequeña comienza a experimentar
problemas propios de áreas metropolitanas mucho mayores: congestionamiento,
dependencia del automóvil, aumento de los tiempos de desplazamiento, presión
sobre los servicios públicos y encarecimiento de la infraestructura.
Puerto Plata
no enfrenta únicamente un crecimiento poblacional.
Enfrenta
un proceso de expansión urbana de baja eficiencia territorial, donde la
superficie urbanizada aumenta más rápido que la capacidad de la ciudad para
servirla.
Tiene más
territorio urbanizado que administrar.
Exige agua
potable.
Exige
saneamiento.
Exige drenaje
pluvial.
Exige
recolección de residuos.
Exige
transporte.
Exige calles.
Exige aceras.
Exige
estacionamientos.
Exige escuelas.
Exige espacios
públicos.
Exige
servicios.
Exige
mantenimiento.
Cuando una
ciudad permite que las edificaciones lleguen antes que la infraestructura, no
está evitando el problema.
Está
trasladándolo hacia el futuro.
¿Cuántos
carriles necesita Puerto Plata?
Esta es la
pregunta que escuchamos cada vez que el tráfico se vuelve insoportable.
La respuesta
más fácil es: cuatro.
![]() |
| Vista aérea Puntilla-Centro Histórico Dominicansoul.com |
Seis carriles.
Una nueva
avenida.
Otra
ampliación.
Otra
circunvalación.
Pero una ciudad
no se congestiona únicamente porque le falten carriles.
Se congestiona
porque su sistema de movilidad funciona mal.
Una avenida de
cuatro carriles que tiene dos carriles ocupados permanentemente por vehículos
estacionados no funciona como una avenida de cuatro carriles.
Una vía amplia
que termina en una intersección saturada no tiene realmente mayor capacidad.
Una
circunvalación que distribuye vehículos hacia un centro urbano congestionado
simplemente desplaza el problema.
Y una ciudad
que continúa construyendo vivienda periférica sin transporte colectivo aumenta
la cantidad de personas que necesitan automóvil para resolver su vida
cotidiana.
El propio PMOT
de Puerto Plata identifica como objetivo fortalecer la conectividad vial y la
accesibilidad territorial. Para el Centro Histórico plantea expresamente
ordenar la movilidad priorizando la caminabilidad, la accesibilidad y los modos
sostenibles, además de organizar los flujos vehiculares, la carga y descarga y
el transporte de cruceristas.
Entonces,
quizás la pregunta correcta no es:
¿Cuántos
carriles necesita Puerto Plata?
Sino:
¿qué función
cumple cada carril que ya tenemos?
El automóvil
ocupa la ciudad
Puerto Plata
tiene una relación problemática con el automóvil.
El vehículo
privado se convierte en la solución cotidiana para prácticamente todo.
Trabajo.
Escuela.
Compras.
Bancos.
Restaurantes.
Diligencias.
Servicios.
Entretenimiento.
Incluso
recorridos que deberían resolverse dentro del propio barrio terminan
dependiendo de un vehículo.
El resultado es
previsible.
Más automóviles
exigen más estacionamientos.
Más
estacionamientos consumen espacio urbano.
Menos espacio
urbano disponible significa menos aceras, menos áreas verdes y menos espacio
público.
Más distancia
entre actividades significa más viajes.
Más viajes
significan más congestión.
Más congestión
genera presión para construir más vías.
Y más vías, sin
una política de movilidad integral, terminan incentivando nuevamente el
automóvil.
Es un círculo.
Y es un círculo
que una ciudad no rompe construyendo exclusivamente más infraestructura para
automóviles.
Puerto Plata
necesita proximidad
No se trata de
convertir Puerto Plata en París.
Se trata de
algo mucho más sencillo.
Que una persona
pueda vivir, estudiar, comprar alimentos, acceder a servicios básicos,
practicar deporte, recrearse y relacionarse con su comunidad sin tener que
conducir un automóvil para cada actividad.
Puerto Plata
tiene barrios y sectores con una escala que permite recuperar esta proximidad.
Pero para
lograrlo necesitamos dejar de pensar únicamente en metros cuadrados
construidos.
Necesitamos
pensar en distancias, accesibilidad y tiempo.
Porque el
verdadero costo del congestionamiento no es solamente el combustible.
Es el tiempo de
las personas.
¿Cuánto tiempo
toma llegar al trabajo en hora pico?
¿Cuánto tiempo
toma llevar a los hijos a la escuela?
¿Cuánto tiempo
toma cruzar la ciudad para realizar una diligencia?
¿Cuánto tiempo
pierde diariamente una persona atrapada en el tránsito?
Ese tiempo
también es infraestructura.
Y actualmente
lo estamos desperdiciando.
Una ciudad
turística que necesita funcionar para sus residentes
Puerto Plata
recibe turismo.
Mucho turismo.
Y esto
representa una extraordinaria oportunidad económica.
Pero una ciudad
turística no existe solamente para el turista.
Existe para
quienes viven en ella.
Los puertos de
cruceros incrementan el flujo económico y turístico. El PMOT incluso plantea
integrar la actividad portuaria y la experiencia de los cruceristas con el
Centro Histórico, la gastronomía, la cultura y el patrimonio local.
Pero hay una
diferencia fundamental entre una ciudad que recibe visitantes y una ciudad que
está diseñada exclusivamente para visitantes.
El turista
necesita llegar a la playa.
El residente
necesita llegar al trabajo.
El turista
necesita agua durante unos días.
El residente
necesita una red de abastecimiento estable durante décadas.
El visitante
puede disfrutar el malecón durante una tarde.
El residente
necesita que el malecón y las vías funcionen todos los días.
El visitante
puede regresar a su hotel.
El residente
regresa a su casa.
Por eso, la
habitabilidad de Puerto Plata no puede estar subordinada al turismo.
Debe formar
parte de su competitividad turística.
Una ciudad
deteriorada no es sostenible como destino.
El agua
también cuenta los habitantes
Cada nuevo
edificio representa una demanda adicional de agua.
Cada nueva
urbanización representa una demanda adicional de saneamiento.
Cada metro
cuadrado adicional impermeabilizado modifica el comportamiento del agua de
lluvia.
Cada nuevo
habitante produce residuos y aguas residuales.
Por eso no
existe un verdadero proyecto inmobiliario aislado de la ciudad.
Todo proyecto
consume capacidad urbana.
El propio PMOT
identifica como factor prioritario los conflictos socioambientales derivados de
usos de alto impacto y las deficiencias en infraestructura sanitaria básica.
Uno de sus objetivos específicos es garantizar acceso equitativo a vivienda,
infraestructura de servicios públicos de calidad y saneamiento.
Esto significa
que el problema ya está identificado.
La discusión ya
no es si sabemos que existe.
La discusión
es qué hacemos con esa información.
Cuando el
agua de lluvia busca una salida
Cada techo.
Cada parqueo.
Cada calle.
Cada acera
impermeable.
Cada solar
urbanizado.
Reduce
superficie disponible para infiltración y aumenta la escorrentía.
Cuando el
drenaje pluvial no tiene capacidad suficiente, el agua encuentra sus propias
rutas.
Y cuando las
aguas residuales no reciben tratamiento adecuado, el mar termina recibiendo
aquello que la ciudad no logra gestionar.
Las playas
urbanas no pueden ser consideradas únicamente espacios recreativos.
Son parte del
sistema ambiental que sostiene el atractivo económico de Puerto Plata.
Contaminar el
mar mientras promovemos el turismo es una contradicción territorial.
La basura no
desaparece porque salga de nuestra vista
El mismo
principio se aplica a los residuos sólidos.
La basura que
desaparece de nuestro frente no desaparece de la ciudad.
Simplemente
cambia de lugar.
Puerto Plata
realiza esfuerzos para mejorar la gestión de sus residuos, pero simultáneamente
aparecen puntos informales de acumulación en áreas de expansión.
Y esto revela
un problema mayor.
![]() |
| Antiguo Acceso a la Circunvalación Norte de la Ciudad. Oschmann en Flickr |
No basta con
mejorar el lugar donde finalmente llega la basura.
Hay que
gestionar todo el sistema:
generación,
separación,
almacenamiento,
recolección,
transporte,
disposición,
aprovechamiento
y
fiscalización.
Si solucionamos
el vertedero mientras dejamos que proliferen pequeños vertederos en las nuevas
urbanizaciones, estamos resolviendo solamente el último eslabón.
La ciudad
continúa produciendo el problema.
Construimos
mucho, pero ¿para quién?
La construcción
se percibe como uno de los signos más visibles del crecimiento económico de
Puerto Plata.
Pero
construcción no es sinónimo automático de desarrollo urbano.
Una ciudad
puede construir mucho y, simultáneamente, producir una crisis de vivienda.
El diagnóstico
del PMOT identifica 5,920 viviendas como déficit cuantitativo municipal
y plantea la necesidad de suelo y políticas específicas para atenderlo. Al
mismo tiempo, registra 8,128 viviendas desocupadas en el municipio, de
las cuales 7,396 corresponden a San Felipe de Puerto Plata.
Estas cifras no
significan que las viviendas desocupadas puedan simplemente entregarse a las
familias que necesitan vivienda. Las razones de esa desocupación son diversas.
Pero sí nos
obligan a formular una pregunta:
¿qué tipo de
vivienda está produciendo la ciudad y para quién?
Porque una
ciudad puede estar llena de grúas y, al mismo tiempo, tener dificultades para
que un trabajador local pueda comprar o alquilar una vivienda digna.
Ese fenómeno
merece atención.
Si la vivienda
se convierte exclusivamente en activo de inversión, segunda residencia o
alojamiento temporal, la ciudad comienza a perder su función residencial.
Y cuando los
residentes no pueden pagar la ciudad donde trabajan, la ciudad empieza a
expulsar a quienes la mantienen funcionando.
Puerto Plata
ya tiene un plan
Aquí debemos
ser rigurosos.
No es correcto
afirmar que Puerto Plata no tiene planificación.
En abril de
2026 se presenta el Plan Municipal de Ordenamiento Territorial de Puerto
Plata, con participación del Ayuntamiento, el Gobierno central y organismos
de cooperación. El instrumento busca ordenar el desarrollo urbano y ambiental y
establecer reglas para el territorio.
Por tanto, el
problema actual es todavía más interesante.
Puerto Plata
tiene diagnóstico.
Puerto Plata
tiene datos.
Puerto Plata
tiene instrumentos de planificación.
Ahora necesita
voluntad para aplicarlos.
Porque un plan
que no modifica decisiones concretas es solamente un documento.
![]() |
Centro Histórico. Trujillo. Pinterest. |
Gobernanza
significa utilizar la planificación para establecer límites.
Significa
decir:
No a una
densidad que la infraestructura no soporta.
No a una
urbanización sin solución sanitaria.
No a un
proyecto sin capacidad vial.
No a ocupar las
aceras con estacionamientos.
No a permitir
que el espacio público sea tratado como excedente privado.
No a continuar
urbanizando sin resolver el drenaje.
No a consumir
el territorio ambientalmente sensible.
Pero también
significa decir:
Sí a la
inversión.
Sí al turismo.
Sí a la
vivienda.
Sí a la
construcción.
Sí a la
renovación urbana.
Sí al
desarrollo económico.
Siempre que ese
desarrollo sea compatible con la capacidad real del territorio.
La ciudad
injusta
Puerto Plata
tiene una paradoja.
Es una ciudad
atractiva para invertir y difícil de habitar para quienes tienen ingresos
limitados.
Tiene nuevos
proyectos y una población que necesita vivienda.
Tiene turismo y
residentes que necesitan transporte.
Tiene
construcción y redes de infraestructura que necesitan ampliarse.
Tiene playas y
contaminación.
Tiene
crecimiento económico y desigualdad territorial.
Tiene belleza y
deterioro.
Tiene
instrumentos de planificación y decisiones que todavía pueden continuar
respondiendo a la lógica de la excepción.
Esta
contradicción produce una ciudad injusta.
Porque el
derecho a la ciudad no consiste únicamente en poder vivir dentro de sus
límites.
Consiste en
poder acceder a vivienda digna, movilidad, espacio público, agua, saneamiento,
equipamientos, seguridad ambiental y oportunidades.
La tacita de
plata está rota
Puerto Plata
sigue siendo hermosa.
Precisamente
por eso debemos preocuparnos.
La belleza
puede retrasar la percepción del deterioro.
Tenemos mar.
Tenemos
montaña.
Tenemos
patrimonio.
Tenemos
arquitectura.
Tenemos
turismo.
Tenemos
puertos.
Tenemos
inversión.
Tenemos
construcción.
Tenemos
aeropuerto.
Tenemos
paisaje.
Tenemos una
posición geográfica privilegiada.
Pero una ciudad
no funciona por atributos.
Funciona por
sistemas.
Y los sistemas
urbanos necesitan capacidad.
La tacita de
plata está rota en sus arterias: movilidad.
Está rota en
sus redes: agua y saneamiento.
Está rota en su
metabolismo: residuos.
Está amenazada
en sus bordes: playas y ecosistemas costeros.
Y comienza a
mostrar fracturas sociales: vivienda, accesibilidad y desigualdad territorial.
No
necesitamos más ciudad de emergencia
Puerto Plata
corre el riesgo de convertirse en una ciudad que construye soluciones para
corregir problemas que ella misma produce.
Construimos una
nueva vía porque la anterior se congestiona.
Construimos un
nuevo drenaje porque impermeabilizamos el suelo sin prever la escorrentía.
Buscamos nuevas
fuentes de agua porque aumentamos la demanda.
Construimos
nuevas infraestructuras sanitarias porque permitimos que la densidad avance más
rápido que las redes.
Creamos
programas para retirar basura de lugares donde no debería acumularse porque no
conseguimos controlar el sistema que la produce.
Eso no es
planificación.
Eso es urbanismo
de emergencia.
Y el urbanismo
de emergencia resulta mucho más caro que la planificación.
Entonces,
¿cuántos carriles necesita Puerto Plata?
No existe un
número mágico.
Cada vía
necesita responder a su función dentro de una red.
Una arteria
necesita capacidad para transportar personas.
Una vía
colectora necesita distribuirlas.
Una calle local
necesita garantizar acceso.
Un corredor
turístico necesita integrar movilidad, paisaje y espacio público.
Una calle del
Centro Histórico necesita priorizar al peatón.
Una ruta de
transporte colectivo necesita continuidad y prioridad.
Y una ciudad
completa necesita reducir la cantidad de viajes obligatorios.
Por eso la
respuesta no es necesariamente cuatro, seis u ocho carriles.
La respuesta es
una red vial jerarquizada, integrada con transporte colectivo,
estacionamiento regulado, caminabilidad y usos mixtos del suelo.
Necesitamos
menos vehículos ocupando espacios que no les corresponden.
Necesitamos
aceras que sean realmente aceras.
Necesitamos
estacionamientos que funcionen como estacionamientos.
Necesitamos
transporte colectivo.
Necesitamos
barrios donde las necesidades cotidianas estén cerca.
Necesitamos que
el crecimiento inmobiliario pague y acompañe la infraestructura que consume.
Necesitamos que
cada nuevo proyecto sea evaluado no solamente por su parcela, sino por su
impacto acumulativo sobre la ciudad.
Todavía
estamos a tiempo
Puerto Plata no
está condenada.
Pero tampoco
puede seguir actuando como si tuviera tiempo ilimitado.
El PMOT
establece precisamente objetivos de ordenamiento del crecimiento urbano,
fortalecimiento de la conectividad, reducción de desigualdades, protección del
patrimonio y promoción de una estructura territorial policéntrica y
equilibrada.
Ahora
corresponde convertir esos objetivos en decisiones.
Antes de
aprobar una nueva densidad debemos preguntar por el agua.
Antes de
autorizar una nueva urbanización debemos preguntar por el drenaje.
Antes de
construir una nueva torre debemos preguntar por la movilidad.
Antes de
permitir más vehículos debemos preguntar dónde estacionan.
Antes de
promover más turismo debemos preguntar cómo protegemos el litoral.
Antes de
construir más viviendas debemos preguntar quién puede habitarlas.
Antes de
expandir la ciudad debemos preguntar cuánto cuesta llevar infraestructura hasta
allí.
Y antes de
construir otra solución puntual debemos preguntarnos qué problema sistémico
estamos dejando intacto.
Porque Puerto
Plata no necesita simplemente más construcción.
Puerto Plata
necesita construir la ciudad que pueda sostener todo lo que está construyendo.
Ese es el
verdadero desafío.
No se trata de
detener el desarrollo.
Se trata de
conseguir que el desarrollo no termine destruyendo aquello que hace valiosa a
Puerto Plata.
Porque aquí
está la contradicción fundamental:
yo vivo
donde tú vacacionas.
Y quiero seguir
viviendo aquí.
Quiero que
quien viene de vacaciones encuentre una ciudad hermosa.
Pero también
quiero que quien vive aquí encuentre una ciudad habitable.
Una ciudad
donde el agua llegue.
Donde el
drenaje funcione.
Donde la basura
tenga destino.
Donde las
playas estén limpias.
Donde caminar
sea posible.
Donde exista
transporte colectivo.
Donde una
vivienda digna no sea un lujo.
Donde una
avenida tenga cuatro carriles cuando realmente los necesita y no porque cuatro
carriles sean la respuesta automática.
Donde el
desarrollo tenga límites.
Donde la
planificación tenga autoridad.
Donde las
normas no sean el mínimo negociable.
Donde gobernar
la ciudad signifique anticipar el problema y no esperar a que colapse.
Puerto Plata
todavía puede elegir qué ciudad quiere ser.
Pero la
decisión no está en el futuro.
Está ocurriendo
ahora.



